Anticonceptuada

Me marié hoy día, así que estuve como veinte minutos encerrada en el baño del trabajo, acostada en el suelo con los pies apoyados en la pared.
Siempre me pasa lo mismo: se me olvida tomarme las anticonceptivas y después tengo que mandarme cinco al hilo y se me abomba la cabeza. Lo peor, es que no sé para qué cresta tomo pastillas anticonceptivas. Es casi tan absurdo como contratar un seguro de vida anti ataques extraterrestres.

PERO, como todo en la vida, si nadie nos asegura que no lleguen los OVNIS, nadie tampoco me asegura el día ni la hora de un ataque del tercer tipo. 

Nota al margen: Es probable que tenga un problema medio mental, pero siempre, siempre que encuentro rico a un mino, me lo imagino tirando conmigo en un baño público, de cualquier lugar, ojalá medio rancio, como el Telepizza de Plaza Italia, en Santiago de Chile.

¿Por qué no?... ¿Y si me encuentro de repente con un hombre guapetón y cachondo, en el ascensor, por ejemplo? Tengo que estar preparada. 
 Sí, es patético vivir preparada para "la nada", y más patético aún es que tu preparación jamás encuentre su oportunidad. 
Aunque hay algo más patético aún: Pedir, rogar, suplicar un ataque del tercer tipo. 

Reconozco que una vez lo hice, no hace mucho, en un ascensor del edificio donde trabajo. Iba con esa cara de culo insoportable, que trato de disfrazar con maquillaje que se me ve más feo que si me dibujara una tula en la frente, cuando entra, casi con viento y música, un minazo de ensueño. Y ahí, Maru empezó a demostrar sus problemas sicológicos.

Nota al margen 1: Que me perdonen las Marías pero, a mí, María me parece un nombre de mierda. La cosa más standard del mundo cuando va solo. Por eso me autoapodé Maru. Gracias a Dios se viralizó rápido. Le dije a alguien, uno de esos personajes medios pelotudos que se juran populares, que me dijera Maru a cambio de una piscola y aceptó. Y aquí estamos.

Nota al margen 2: Creo que quizás mi nota al margen 1 fue mala idea. Hay muchas Marías en el mundo; es una pésima estrategia publicitaria para mi blog. No sé nada de marketing, pero sé que esto podría significar que termine leyendo el blog la Pepa, mi vieja, la Upa y la Chalupa. Amo a las Marías, es cierto, aunque no tanto a su nombre. Y me gusta María cuando va compuesto. María Jesús, María José, y todas esas otras Marías me parecen espectaculares. Las Marías solas también me gustan, pero un poco menos.

Ok. Continúo después de arreglar mi nota al margen 1 o terminar de cagarla.

Adentro del ascensor, sin mirar a tipo y disimulando, entrelacé las manos y le rogué a Dios que se cortara la luz… ¡A Dios! Le pedí a Dios que cortara la luz del edificio.
Cara de raja.
Creo que no he pisado una iglesia hace siete años, ni siquiera en los matrimonios, porque me aburro y me quedo afuera fumando. Me parece lo más fome que hay… lo único entretenido que tiene, es ese juego estilo sillita musical del “me paro, me siento, me paro, me siento” pero no tengo idea cuando hay que pararse o sentarse. Tampoco sé las frases que hay que repetir, ni menos esas cruces que todos se marcan en la cara.

Pero acudí a Dios, en mi desesperación, para pedir ayuda divina porque mi situación antiataque ya me tenía crítica y con el pelo más feo que la cresta. Le dije: 

Fig 1.) Maru, ex María, implorando a Jesucristo. 

“Diosito mío, sé que nunca en la vida rezo y no hago ninguna de las mierdas que dice la iglesia que hay que hacer. Asumo que no voy a misa, no dono plata a fundaciones, me río de la gente que se cae, como cosas en el supermercado que no pago, dejo poca propina, me acuesto con gente que no conozco, tengo un par de problemas con el alcohol los días Sábado y si estoy enojada puteo a quien se me cruce… o sea, soy una mierda de persona, pero necesito un empujoncito hoy día para acercarme al camino de la virtud. Por favor, si es tan grande tu poder, corta la luz y déjame encerrada unas siete horas con este bombón en el ascensor. Del resto me encargo yo. 
Te lo pide una nueva sierva para tu rebaño,
amén”.

Algo así más o menos me mandé. Y seria, que es lo peor de todo, lo imploré sinceramente, desde el fondo de mi corazón, que sentía que se hinchaba de espíritu divino y baba de ángeles. 
Pero no pasó nada. El ascensor llegó al uno, se abrió la puerta y el mijito rico se perdió entre la millonada de gente que había en el primer piso.

Y ahí me quedé yo. Sola, con la misma cara de culo del comienzo, absolutamente llena de hormonas inservibles en mi sangre… 
Completamente anticonceptuada, digamos.
Lista,
lista,
lista. 

Aún así, no pienso dejar de tomarme las pastillas. Me pongo epifánica y pienso que estoy en una especie de servicio militar para vivir el verdadero amor. Y como toda buen soldado, estaré lista en caso de guerra.